(2025)
El territorio urbano se revela como un laboratorio en el que la memoria y el deseo se funden en la oscuridad. La noche, en su ambigüedad luminosa, se erige como escenario en el que al desvanecerse en un polvo de sombras los edificios se resignifican y reconfiguran, emergiendo relatos tan enigmáticos como sublimes.
Desde una perspectiva psicogeográfica, este proceso nos invita a comprender la ciudad no solo como un ente físico, sino como un conjuro en el que lo efímero se entrelaza con lo eterno y en cada latido nocturno se reescribe un ensayo inacabado sobre la persistencia de la memoria y la transformación de la historia colectiva en la ciudad.
Todo está sucediendo ahora mismo en todas partes. Sentimos que la inmediatez atropella los pequeños gestos y bailar la vida a un ritmo más lento parece una utopía. ¿Es imposible frenar el vértigo?
Todo está sucediendo ahora mismo en todas partes. Y hay algo que se transforma, sí, pero también hay algo que permanece. La fragilidad de un vuelo, de una luz, de un reflejo puede inmortalizarse. ¿Qué queda de nosotras en los lugares que habitamos? La huella de nuestra presencia, lo indeleble de la memoria.
Ritual volátil es una invitación colectiva a pensar el diálogo entre lo mundano y lo sagrado, entre lo ancestral y lo urbano. El ritual aparece como un gesto que transforma lo efímero en detalle sólido. Es la posibilidad de guardar en nosotras lo que nos queremos llevar, lo que nos queremos quedar.
Aire, agua, tierra, fuego. Pájaros, calles, esquinas, espejos. Si todo lo vivo se desvanece en el aire, ¿Cuál es tu ritual?
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